lunes, 1 de febrero de 2010

La elegancia de una copa



¿Se nace o se hace? una gran cuestión que puso sobre la mesa una de las profesoras del máster de protocolo que estoy cursando actualmente.

La sociedad evoluciona, cambia, se transforma, se reinventa, recupera tendencias, fusiona... pero ciertas cosas nunca cambian, hay que ir a la moda, esto es un hecho demostrable, porque lo importante en un ámbito como es el de las relaciones públicas, el protocolo... es no despuntar en exceso ni salirse del grupo, por extraño o superficial que pueda resultar esto es así desde los tiempos más remotos, y a todos nos gusta encajar, y ser aceptados.

Aprendiendo a organizar eventos sociales, banquetes, almuerzos, etc, observamos numerosas alternativas a las que acudir para elegir dependiendo de lo que queramos comunicar y conseguir con el acto. Pero finalmente la elección más adecuada es la de siempre, la de toda la vida, mantel blanco, tejidos de lino, damasco... copas transparentes y vajillas sencillas y redondas. ¿Qué quiero decir con esto? que la sencillez siempre muestra el lado exquisito de las cosas, con ello conseguimos no pasarnos y llegar con resultados muy positivos.
La copa de vino, hoy en día tenemos una infinita gamas de colores, formas y materiales en el mercado, también es cierto que los eventos son muy variados y existen momentos en los que nos podemos permitir el lujo de innovar y arriesgar, pero sobretodo en empresa y en actos oficiales el mayor acierto es la sencillez que posee lo tradicional. ¿Es posible saborear un buen vino en una copa de cristal de color azul? Quizá para alguien que no sea experto o que no se identifique seguidor de este campo, no le de mucha importancia, pero cualquier persona mínimamente entendida sabe que la copa debe permitir apreciar y diferenciar con claridad las cualidades que un vino transmite a quien lo bebe.


Como en la mayoría de los ámbitos yo, soy de la idea de que blanco o negro, en muchas ocasiones no se puede aplicar, son puntos de vista muy radicales, lo que está claro es que siempre se tienen actitudes y cualidades personales que ayudan o juegan en nuestro favor. Por ejemplo una persona extrovertida, con don de gentes... siempre tendrá un mayor respaldo a la hora de realizar trabajos de cara al público y a la hora de comunicarse en público, lo que no delimita a las personas que son más reservadas o que poseen un carácter más tímido, ya que estas pueden aplicar diferentes técnicas de comunicación verbal y no verbal, y otros mecanismos que les ayuden a solventar esos factores. De hecho existen estudios que prueban que las personas tímidas son mejores en ventas que las más extrovertidas, ya que estas se centran en la esencia del mensaje que desean transmitir y en los datos de mayor importancia, y no tanto en la palabrería, trasladado a lo social, esto sería la imagen externa que queramos transmitir, y no tanto con la que consigamos seguridad en nosotros mismos.

Lo que quiere decir que a la hora de emitir una cierta clase, la elegancia es algo que no está sujeto a un status social, ni a un elevado nivel económico, y mucho menos a un prototipo físico de 90-60-90, claro está que todos estos aspectos son de gran ayuda pero no son determinantes. Un saber estar, saber adaptarse a los diferentes ámbitos en los que nos encontremos, la discreción, un vocabulario adecuado y variado, un tono de voz agradable, una buena comunicación... a diferencia de lo que gran parte de la sociedad cree, las personas que menos llaman la atención, que pasan más desapercibidas, que reservan su vida privada... a menudo son mucho más valoradas y respetadas, son más inteligentes, trabajadoras... y por tanto elegantes y con una exquisita clase.


Muchas de las mujeres reconocidas socialmente como las más elegante cumplen esta reflexión: Michelle Obama, Carla Bruni, Rania de Jordania, Esperanza Aguirre, Jennifer Aniston, Penélope Cruz, Rachel Bilson, Carolina Herrera... todas mujeres triunfadoras, trabajadoras, muy diferentes pero con un punto común: su elegancia y discreción (unas más que otras...).


Y es que como se suele decir: "por mucho que la mona se vista de seda... mona se queda!"

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